Fundaciones11/11/2020

5 de noviembre, el valor de cuidar

El director de la residencia San Antonio de Benagéber nos habla del valor de cuidar.

El 5 de noviembre celebramos uno de los días más importantes que hay dentro del mundo de la asistencia y el cuidado de los mayores: el Día del/de la cuidador/a.

Son múltiples las razones que nos llevan a esta afirmación, de todo tipo, práctico, asistencial, vivencial, emocional, etc., pero quiero fijar el foco de atención en la importancia, en el valor intrínseco del servicio que prestan las personas cuidadoras.

Porque cuidar son muchas cosas y de gran valor y esta sociedad mercantilizada escribe al margen los valores más importantes que demuestran las personas, relegando su importancia a datos estadísticos impersonales.

Cuidar es atender, convertir al otro en foco, en destino de tu persona y de todo lo que eres, conocimiento, motivación, corazón y espíritu. Es dejar de un lado el ser propio para convertir al otro, su necesidad, su vivencia, en tu necesidad y en tu vivencia.

Cuidar es relegar tus intereses, tu tiempo, tu ser y, al mismo tiempo, darte cuenta de la transformación necesaria que produce la entrega del cuidar, la entrega del darse al otro. Entender que no relegas ni pospones, sino que cuidar es hacer del otro, tus intereses, tu tiempo y tu ser.

Cuidar es ensalzar, es dar, es reconocer la importancia de la persona cuidada, es dignificar con la atención, con la presencia y con el tiempo. Es reajustar y recolocar lo que la enfermedad, la dependencia y la exclusión desajusta y descoloca en las personas y en la sociedad, llevando a la persona cuidada al centro de todo.

Cuidar es ser bastón, a veces, y es enseñar a utilizar el bastón para andar solo. Porque la cuidadora aporta lo que la persona cuidada no puede hacer, sin perder de vista nunca que cuidar es dar solo lo que precisa el otro.

Cuidar es acompañar, es entender que las necesidades de la persona cuidada pueden ser múltiples, y que la atención y el cuidado deben enfocarse a intentar cubrirlas todas. Porque la persona es una vivencia física, emocional, familiar, social, espiritual… y de la interrelación de todas ellas puede venir la necesidad, el dolor y la soledad. Cuidar es un darse cuenta de manera global y holística, es entender que la persona que atendemos es más de lo que vemos y que nuestro cuidado es un acompañamiento de carencias, de vacíos que a veces no se pueden cubrir, pero que en el cuidado y en el acompañamiento de todas ellas está la esencia del verbo cuidar.

Como señala nuestro pontífice, el papa Francisco, «el cuidado es una regla de oro de nuestra humanidad y trae consigo salud y esperanza». Seamos pues más humanidad, seamos salud y esperanza para las personas.