Agentes de Cáritas30/04/2021

Álvaro Contell: «Queremos sensibilizar y concienciar a esta comunidad porque tenemos una misión muy importante»

Álvaro se incorporó meses antes de que el coronavirus se aposentara entre nosotros como voluntario en la parroquia de San Juan de la Ribera en València.

Álvaro Contell, tiene veinticinco años y es estudiante de Derecho. Se incorporó meses antes de que el coronavirus se aposentara entre nosotros a la parroquia de San Juan de la Ribera en València. Poco a poco se había ido alejando del mundo en el que vivía para ir adentrándose en la vida de la parroquia, caminando con su comunidad. A la llegada de la pandemia siente que tiene que hacer algo y tiene una idea, nada nueva porque, como dice, mucha más gente lo está haciendo, pero para él supone una revelación, un afianzamiento de su fe hecha solidaridad.

Álvaro, ¿cómo pensaste que podías ayudar en una situación tan complicada como la de la pandemia?  

Inicié un voluntariado en la parroquia para poder llevar alimentos a la gente mayor o a familias monoparentales. Echarles un cable, limpiar la casa, bajar la basura ya que no podían salir de casa o estaban muy asustadas para hacerlo. A raíz de esto, el párroco me animó a seguir y dije, ¿por qué no Cáritas?

¿Por qué no Cáritas?

El párroco, Ramón Martín, allanó un poco el camino comentándome la situación de nuestra Cáritas parroquial cuyo voluntariado no daba abasto para atender a todas las familias que acudían. Sí que es verdad que tuve un momento de discernimiento para estar seguro de que esto es lo que tenía que hacer. La carrera me requiere mucha concentración pero  tomé la decisión de unirme al equipo.

¿Atendéis, pues, a muchas familias?

Somos seis voluntarios y hemos atendido a unas trescientas familias en los peores momentos. Ahora se han reducido un poco. Para mí ha sido un choque de realidad porque veo familias de clase media que nunca pensé que pudieran recurrir a Cáritas. Estamos viviendo una pandemia mundial pero también una crisis económica, sanitaria, social…

Te encuentras con un voluntariado de personas mayores que, al ser las que más riesgo tienen frente al coronavirus, tampoco pueden hacer frente adecuadamente a la atención a estas familias. ¿Cómo lo habéis conseguido?

Yo llegué un poco descolocado, viendo la situación. En mi primera acogida veía todo lo que hablaban y me asombraba ver los conocimientos que tenían las personas voluntarias. Yo que soy estudiante de derecho, algunas cosas sí que las cogía, pero supe que tenía que aprender de ellos, que empaparme de toda la formación de Cáritas. Lo primero que hice fue ponerme al lado de Arturo Nebot y mano a mano ver todo lo que hacía en las Acogidas, de qué forma atendía a esas personas… con ese cariño, ese interés hacia migrantes, españoles, a todo el mundo. Me chocó descubrir tanta entrega.

¿Habéis mantenido las Acogidas presenciales?

En nuestra Cáritas parroquial mantuvimos la presencialidad en la Acogida. Con la distancia y las otras medidas de seguridad pero pensamos que ya que esas familias lo estaban pasando mal, qué menos que esforzarnos y estar al pie del cañón. Yo, poco a poco, con ayuda de Arturo y del resto de compañeros me he ido empapando de su sabiduría. Ahora, por motivo de mis horarios en la Universidad, decidimos hacer una segunda acogida a la semana en la que pudiera estar yo.

¿Una Acogida que ya haces tú solo?

Sí. Vino también Mamen, la técnica de Cáritas Diocesana, me echó un cable y me proporcionó material para estudiar y poder hacer una buena Acogida. Hace dos meses se incorporó otra persona joven y la hacemos juntos. Lo que veo es que siempre hay novedades porque atendemos a todo tipo de personas, indocumentadas, que están viviendo en la calle, que quieren conseguir el arraigo, Ingreso Mínimo Vital, Renta Valenciana de Inclusión… Hay que estar al tanto de muchas cosas.

¿Puedes plantear nuevos proyectos con las situaciones que ves?

Es muy importante la colaboración con Servicios Sociales. Atendemos a muchas personas que ya han ido allí y no les han llegado a atender. Por muchos motivos. Creo que hablando con los directores de cada centro podríamos hacer un gran trabajo conjunto. Al menos, agilizar los trámites.  

En mi parroquia hay mucha gente joven, en el Camino neocatecumenal y en Effetá. Queremos sensibilizar y concienciar a esta comunidad para que se unan al equipo porque tenemos una misión muy importante que no solo es la caridad, es también mostrar que Dios está aquí, es evangelizar. Estamos planteando, si somos más, si acude nuevo voluntariado, hacer desayunos solidarios destinados en principio a las personas que están en la calle, acercándonos a ellas.   

¿Cómo es vuestro barrio?

Los alrededores de la parroquia podríamos decir que son un “mix”.  Hay edificios nuevos y hay zonas muy deterioradas, vulnerables, en las que la mayoría de las personas tienen trabajos en “b”. Son personas sin documentación y que esta es su única forma de subsistir. Y cerca está el corralón, con todo lo que eso supone. Somos todos hijos de Dios.         

¿Cómo ves el recorrido de Cáritas en un futuro?

Pienso que en la sociedad en que vivimos, con unos Servicios Sociales bien enfocados pero con recursos insuficientes, ¿quién está ahí? Muchas de las personas con dificultades que no son atendidas en Servicios Sociales, acuden a Cáritas. Incluso antes de acudir a la administración, nosotros ya les hemos hecho una Acogida y les derivamos. Esta etapa que estamos pasando sirve para que nos demos cuenta de la necesidad que hay. En la parroquia e incluso personas que no frecuentan la Iglesia ayudan, están haciendo donativos porque saben que las Cáritas parroquiales están ahí, al pie del cañón y van a estar siempre con la gente pobre.

Y Álvaro quiere también estar ahí, del lado de las personas más necesitadas porque, como afirma, desde que empezó en Cáritas se fue dando cuenta de que sí o sí tiene que acabar trabajando para las demás.