Fundaciones24/11/2021

Condiciones básicas de un tratamiento contra las adicciones

Acompañar a una persona en recuperación requiere de conocimientos múltiples pero también de sensibilidad y respeto.

Incorporarse en un tratamiento de adicciones es una decisión personal en la que intervienen multitud de factores personales que van desde los miedos a las ilusiones, otros son familiares y también hay factores sociales e incluso emocionales.

Pero, además de los factores relacionados con la decisión, están las condiciones que han de cumplir dichos tratamientos. Condiciones que deben de ser comunes a todos ellos, independientemente del tipo de tratamiento que sean.

El primero de todos es que el acceso a cualquier tratamiento ha de ser voluntario. Esta voluntariedad convierte a la persona en protagonista de su propia vida. Desde la voluntariedad y el protagonismo podemos esperar la postura activa que es necesaria para superar una adicción. Desde esa postura activa se puede desarrollar un proceso de cambio que se consolide en el tiempo.

En toda decisión hay presiones internas y externas, como la familia, el entorno laboral, hasta un juzgado puede recomendar el ingreso en un programa de rehabilitación, pero es una recomendación. La decisión siempre tiene el suficiente espacio de libertad para ser personal.

Otra de las condiciones es que el tratamiento ha de ser personalizado. Esto no quiere decir que el tratamiento tenga que ser individual. Los tratamientos basados en técnicas grupales están entre los más eficaces. Lo que quiere decir un tratamiento personalizado es que ha de tener en cuenta las características de cada persona, adaptando las propuestas a esas realidades.

El programa ha de tener una visión holística, entendiendo a la persona como un todo y tratando de ayudarle en todas las áreas, desde lo más biológico hasta lo más social de cada persona, pasando por lo educativo y lo psicológico. Tampoco se pueden obviar variables como la edad, el género, la familia, el apoyo del entorno, la situación laboral o la cultura.

Todo tratamiento debe de ser extremadamente escrupuloso con la intimidad de la persona y no solo porque lo pida la ley sino por ética personal, profesional y respeto.

Durante la realización de un proceso de recuperación es normal que la persona en tratamiento comparta datos y aspectos que forman parte de su intimidad pero esto no quiere decir que renuncie a esa intimidad, sino que revela esa información esperando que compartirla le ayude en su recuperación, que los datos sean protegidos y que se manejen en el máximo de los respetos. Con mayor razón cuando las adicciones son una realidad que estigmatiza con mucha facilidad.

El tratamiento debe de ser realizado por personas cualificadas, profesionales que reúnan la formación, competencias y capacidades precisas para serlo. Una persona en recuperación se encuentra en una situación vulnerable, a veces muy vulnerable. Ayudarla requiere de conocimientos múltiples pero también de una sensibilidad, de un respeto, de una capacidad de acompañamiento y motivación sobre la que se puede haber estudiado la teoría y los conceptos pero que tienen que ser asumidos, integrados en un estilo de vida propio. Hablamos de la competencia, la ética y las formas actitudinales.

Los programas pueden ser muy distintos, residenciales, de reducción de daños, en régimen ambulatorio o de centro de día pero todos ellos han de tener unos mínimos comunes: voluntariedad, respeto a la intimidad, personalización del tratamiento y profesionalidad en la intervención.

Por fortuna son muchos los programas, recursos y entidades que cumplen estos requisitos. Ante cualquier necesidad puede ponerse en contacto con los servicios sociales o sanitarios de su zona para que le informen de ellos.