Acción social08 Noviembre 2019

Invisible

A Mª Ángeles no le falta de nada. Tiene comida abundante, productos de higiene para asearse y ropa para cambiarse o para abrigarse si hace frío, pero duerme en la calle.
 
A Mª Ángeles se la ve continuamente hablando con unos y otros pero no tiene amigos, ni familia.
 
A Mª Ángeles le da mucho miedo contagiarse de alguna enfermedad en las duchas que le ofrecen para asearse, pero siempre la encuentras limpia y con el pelo brillante.
También teme a las cucarachas y no quiere vivir ni trabajar donde pueda encontrarlas.
A Mª Ángeles la calle aun no la ha atenazado con su zarpa pero puede que cada día que pasa esté más cerca.
 
Es amable, educada, de mirada inteligente y con facilidad de palabra pero no sonríe. Nunca.
 
Apareció un día de junio en un barrio de València. Un saco de dormir y una larga bolsa de deporte la acompañan. El día lo pasa sentada en un banco, erguida la espalda y con la mirada al frente. Ese mismo banco es su cama cuando la vence el sueño.
¿Mª Ángeles, invisible? No. La policía se preocupa de que no busque lugares apartados para dormir. Ese banco, bajo la mirada de las ventanas de una casa de vecinos, es más seguro.
Y ellos la miran. Al levantarse, los primeros pasos los encaminan a la ventana y al verla, arrebujada en su saco, con la cabeza apoyada en la bolsa, respiran aliviados.
— ¿Qué necesitas, Mª Ángeles? ¿Te traigo algo?
— Mª Ángeles, ¿vamos a desayunar y te tomas algo calentito?
— Mª Ángeles, ¿por qué estás así? Eres muy joven para vivir en la calle…
 
Y Mª Ángeles cuenta, una y otra vez, que no encuentra trabajo, que a sus cuarenta y tres años es muy mayor para que la contraten en un trabajo digno.   
Dice que los servicios sociales no pueden hacer nada por ella. Ni Casa Caridad, ni Cáritas, ni Médicos del Mundo. Nadie.
 
— Ahora, donde mejor puedo estar es aquí, en la calle.
 
A Mª Ángeles lo que tampoco le falta es paciencia. Nunca tiene un mal gesto ni se impacienta ante las muestras de preocupación de los que se acercan a ella todo el día, todos los días.
Pero invisible es, para ella, un puntito juguetón que, aventurero, se ha marchado de su interior y ha dejado un hueco importante que echan de menos los demás puntos que sin él no guardan el equilibrio de la persona de Mª Ángeles.
Un día llegará en que a Mª Ángeles alguien, con sabiduría y delicadeza, se lo hará notar y también ella lo echará de menos y se pondrá a buscarlo sin pérdida de tiempo para devolverlo a su lugar, para sentirse joven y con ganas, sin miedos, para vivir y para trabajar.