Cáritas parroquiales13/07/2026

Abrir espacios a la esperanza compartida

Dumitru llegó a España desde Rumania hacia el año 2000 con una promesa de trabajo y de un futuro mejor.

Podemos resumir la vida de Dumitru como una montaña rusa formada por desengaños, desánimos, incomprensión, agresiones, tristezas… pero al mismo tiempo con sueños, confianza, esfuerzo, trabajo, alegría y mucha gratitud. Llegó desde Rumania hacia el año 2000 con una promesa de trabajo y de un futuro mejor, promesas que se esfumaron rápidamente y tras unos meses en España no pudo regresar a su país ya que su visado de turista había caducado.

Dumitru se quedó dando tumbos hasta que en el 2017 fue acogido en el albergue de Casa Caridad. Desde allí fue remitido a Cáritas Diocesana de Valencia incorporándose en el programa Mambré donde además de aprender a trabajar, se le inculcó disciplina, organización, hábitos saludables, responsabilidad, confianza y, sobre todo, un futuro alcanzable.

Finalizado el programa para personas en situación de sin hogar, se le consiguió el alquiler de un piso en Tavernes de la Valldigna para que empezara a regularizar su vida. Cáritas Diocesana se puso en contacto con la Cáritas de Tavernes para darnos información respecto a Dumitru y aquí inició su última aventura.

Recordamos perfectamente la primera tarde que contactamos para conocernos personalmente y conocer sus objetivos de futuro. Dumitru era un amasijo de emociones y de temores ante la nueva vida que se le abría. Vimos a una persona callada y asustada, una persona cargada con una mochila llena de vivencias, una persona con ganas de rehacer su vida e iniciar un sueño deseado, una persona que desde su amada libertad quería aprovechar esta nueva oportunidad que le ofrecía la vida.

Llenar espacios, llenar tiempos… parecía ser su consigna. Le propusimos ser voluntario en el Economato de Cáritas Interparroquial de Tavernes, tarea que le encantó y le permitía estar ocupado bastante tiempo. Se adaptó de inmediato al resto de voluntariado y su carácter respetuoso y tranquilo permitió ir conociéndonos en pequeñas dosis, breves charlas y comentarios mediante las cuales se iban deshilachando los crudos momentos vividos… No le preguntábamos, ni él se abría mucho, pero poco a poco se fue produciendo una buena relación construida a base de silencios, respeto hacia la privacidad y alguna broma que otra.

Con el tiempo interactuó con los distintos proyectos de nuestra Interparroquial: recogida de alimentos en las campañas, ayuda en el ropero, animación en los encuentros solidarios organizados por Cáritas o por el Ayuntamiento u otras entidades. Realizó el Curso Básico de voluntariado, el de manipulador de alimentos; asistió a charlas, conferencias formativas y encuentros de Vicaría y Diocesanos, fue un excedente testimonio en el encuentro de jóvenes de la Vicaría, así como en el proyecto de la Secretaría Autonómica de Servicios Sociales, Inclusión, Infancia y Familia. Incluso participó en actividades parroquiales ayudando en el montaje del Belé.

Dumitru se sentía importante, agradecido y necesario, como él decía: «uno se siente feliz cuando da lo que gratuitamente ha recibido: AMOR».

Pero después del día viene la noche y tras alcanzar la cima llega la vaguada… Tantas batallas vencidas y tantas experiencias vividas no le ayudaron a ganar su última batalla. Pasados casi seis años en Tavernes, Dumitru empezó a cambiar y empezó a sentirse mal…. ¿Un resfriado?, ¿Una neumonía?, ¿algún virus ?, …. Nunca quiso saberlo, ni quiso ir al médico… «Yo soy muy fuerte y lo superaré», decía. La cadera no le permitía casi caminar y no quería molestar para que lo lleváramos en coche, era una anime libre y libre quería vivir. Dejó de asistir al economato y a otras actividades de Cáritas, desconectó de toda actividad y se encerró en su habitación. Se sentía desilusionado, traicionado por la vida por no permitirle disfrutar de su estabilidad.

Lamentablemente a sus dolencias físicas se unieron las mentales y su mente abrió una ventana al miedo final, un espacio en el que la independencia y la libertad que él tanto había deseado se convirtieron en un fantasma que terminó devorándolo y absorbiéndolo y que lo llevaron a un aislamiento total ante cualquier ayuda.

Dumitru, estos años han sido enriquecedores para ti y para nosotros. Desconocemos que pasó, pero tu marcha nos ha hecho reflexionar sobre la vida y darnos cuenta de que debemos abrir espacios a la esperanza compartida, valorar que juntos somos más fuertes y que, ante cualquier adversidad, nunca hemos de refugiarnos en nuestra soledad.