Nuestro día a día20/11/2020

Algunas tardes son diferentes

Con motivo del Día Mundial de la Infancia reivindicamos el trabajo del Centro de Día Manantial en la promoción del bienestar y de los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

Son las cinco de la tarde y se han acabado las clases. Una madre espera, en la puerta del colegio, a su hija. Cuando sale del centro, le da la merienda y la lleva a sus clases de inglés que empiezan a las cinco y media. Cuando acaba a la siete, su padre la recoge y la lleva a casa donde hacen los deberes, cenan y descansan. Al día siguiente al acabar de clase se repetirá la historia, pero esta vez irá a teatro.

Este tipo de tardes son las que se consideran como típicas en el imaginario colectivo. Pero no todos los niños y niñas tienen las mismas oportunidades. Por eso, este 20 de noviembre, Día Mundial de la Infancia, queremos dar a conocer como se trabaja en el Centro de Día Manantial de Cáritas Valencia.

El miércoles a las cinco y media, doce niños y niñas de 6 a 18 años aguardan en la entrada del Centro de Día Manantial en Burjassot. Proceden de familias con pocos recursos económicos y con situaciones conflictivas. En casa, algunos han vivido problemas de violencias machistas, padres en prisión o separaciones conflictivas. Además, muchos de sus padres tienen poco nivel académico y no saben ponerles límites. El jueves, a la misma hora, irán doce más.

Allí, les reciben los educadores sociales, una trabajadora social y monitora de tiempo libre, una integradora social y una psicóloga. Al entrar, cada uno se sienta en su sitio y empiezan a trabajar. Hoy, después de hacer los deberes votarán al delegado del grupo y repasarán las actitudes que deben adoptar cuando llegan a un sitio: saludar, escuchar lo que les dicen, sentarse bien…

El objetivo del centro, que forma parte del Servicio Público de Servicios Sociales, es formarlos en valores y ser un apoyo y una figura escolar. Conseguir que salgan de las espirales de pobreza intergeneracional con refuerzo educativo y con talleres. Como ellos mismos dicen, su finalidad es “favorecer el desarrollo en valores y las habilidades sociales y personales, facilitar un espacio educativo seguro, de respeto e integración y prevenir situaciones y conductas de riesgo”.

Además, en Manantial realizan una gran labor con las familias, ya que no tiene sentido intentar trabajar con un menor si su casa está desvinculada. Los padres y las madres deben implicarse. Los ejes principales en la educación deben ser la familia y la escuela, el centro de día es un apoyo. Por eso se comprometen a acudir a todas las reuniones y entrevistas que necesiten y a que sus hijos cumplan los horarios.

Desde Manantial también se apuesta por el ocio sano y saludable mientras se divierten. El viernes, un niño al salir de clase queda con sus amigos o se va con sus padres a pasear. Pero, si no fuera por Manantial estos menores de edad se irían a algún centro comercial a comer comida basura o a los parques para acabar adoptando comportamientos que no corresponden a su edad, incluso iniciándose en problemas de adicciones. Por ejemplo, la semana pasada prepararon, todos juntos, una excursión a la bolera. Pero también hacen senderismo, van a la playa, a la piscina o juegan a vóley.

Esta es la realidad de 24 menores, pero debería poder ser la de muchos más. La directora del centro, Rosario Albert, afirma que «las plazas de las que disponemos las decide Conselleria y las familias vienen derivadas por los Servicios Sociales, pero hay más demanda que plazas ofertadas. Los niños y niñas no acuden aquí unos pocos meses sino que los acompañamos durante años».