Análisis y reflexión • 16/10/2026

Alimentarse con dignidad, vivir con derechos

Garantizar una alimentación digna exige afrontar las causas de la pobreza, tarea compartida que nos interpela como Iglesia y como sociedad.

Hoy, 16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación, y mañana, Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, nos invitan a detenernos en una realidad que conocemos de cerca en Cáritas: la de personas y familias que, cada día, tienen que hacer cuentas para cubrir lo más básico. Pagar una habitación, la luz, comprar los medicamentos y ver cuánto queda para llenar la nevera.

El derecho a la alimentación se juega también ahí. En poder comprar alimentos suficientes y saludables, elegirlos según las necesidades y costumbres de cada familia y tener la tranquilidad de saber que mañana se podrá volver a poner la mesa. Pedir ayuda no debería suponer renunciar a esa capacidad de decidir.

El IX Informe FOESSA, publicado en 2025 con datos de 2024, señala que el 11,6% de los hogares en España sufre inseguridad alimentaria. Detrás de este dato hay situaciones que acompañamos: familias que reducen la calidad de su alimentación, personas que se saltan comidas o madres y padres que recortan su propia dieta para que sus hijos e hijas puedan comer. La precariedad de los ingresos y el coste de la vivienda dejan cada vez menos margen para atender otras necesidades esenciales.

Por eso, hablar de alimentación nos lleva a hablar de pobreza, de cómo se distribuyen los recursos y de las oportunidades reales que tenemos para vivir dignamente. Erradicar la pobreza exige actuar sobre las causas que la generan y la mantienen: las dificultades para acceder a una vivienda, los empleos que no permiten llegar a fin de mes o una protección social que no alcanza a quienes la necesitan.

Como Iglesia, esta realidad nos interpela desde el Evangelio. En el «tuve hambre y me disteis de comer» reconocemos una llamada concreta a hacernos próximos y a asumir como propia la vida del otro. Francisco nos recordaba, en su mensaje para la Jornada Mundial de la Alimentación de 2024, que «solo si tomamos el ideal de justicia como guía de nuestra acción se podrán atender las necesidades de las personas».

Desde esa convicción, en Cáritas entendemos que la Caridad nos compromete también con la Justicia. Acompañamos las necesidades de hoy y trabajamos para que las personas puedan ejercer sus derechos, recuperar autonomía y participar en las decisiones que afectan a sus vidas. Este compromiso une la acción en nuestros barrios y pueblos con la cooperación con otras comunidades que defienden su acceso a la tierra, al agua y a sus medios de vida.

Estas dos fechas nos recuerdan una tarea que continúa todo el año. Nos toca escuchar, acompañar y reclamar las condiciones que permitan a todas las personas vivir con dignidad. También revisar nuestras decisiones y sostener, como comunidad cristiana y como sociedad, el compromiso de que nadie tenga que elegir entre comer y pagar un techo.