Agentes de Cáritas16/06/2023

Àngels González: «Ver las cosas desde dentro te da una visión real de lo que pasa y ganas de trabajar por el cambio»

Àngels inició su voluntariado en Cáritas Valencia hace dos años motivada por el ejemplo de una compañera de trabajo.

Àngels González inició su voluntariado en Cáritas hace dos años motivada por el ejemplo de una compañera de trabajo, profesora como ella, en una Escuela de Adultos. «¿Es preciso ser creyente?», le preguntó y su compañera le dijo que no, aunque ella sí lo es.

Su deseo de participar de este gran proyecto que, como dice el papa Francisco, es la caricia de la Iglesia, la llevó, después de pasar por la formación, al programa de Migrantes de Cáritas Valencia, impartiendo clases de castellano a las personas, quizás, más desfavorecidas de la vida.

Àngels ha visto la película “Libres”, un viaje al interior del ser humano, y comenta, a raíz de su voluntariado, uno de los mensajes que se plantean en ella: ¿Qué es ser buena persona?, preguntan a una religiosa.

¿Tu compromiso con Cáritas te llevó a ver este documental, recién estrenado, en busca de respuestas que reafirmaran el sentido de tu voluntariado al lado de la Iglesia?

La respuesta de la religiosa fue que buena persona es la que trata lo mejor que puede a la persona que tiene al lado y hace todo lo que puede por ella. Y esto te abre muchos caminos y quién sabe lo que vendrá después.

¿Viste esa bondad en tu compañera de trabajo y en su labor en Cáritas y te atrajo hasta el punto de involucrarte en ese mismo proyecto?

Claro. La he visto siempre muy coherente, muy comprometida con su fe, trabajando y quitándole horas a su tiempo para dedicarlas, a través de Cáritas, a las personas más vulnerables. Ella y su marido están muy implicados. Yo he disfrutado mucho en mi trabajo porque con los adultos el sistema es menos cerrado y te deja echar de verdad una mano. En Cáritas, primero fueron tres chicos a los que di clase. Ellos se mueven mucho si les sale faena. Después he ido trabajando con otros chicos. Me admira la manera que tienen de sobrevivir. También les ayudamos a buscar vivienda y, sobre todo, a que sientan que hay gente que les quiere, que les acompaña.

Recientemente has participado en el Encuentro Confederal de Migraciones en el que habéis compartido formación, talleres y experiencias con Cáritas Diocesanas de toda España.

De València fuimos Yolanda, también voluntaria; Dawda, migrante acogido en una de las viviendas de Cáritas, y yo. Salió todo muy bien. Nosotras desarrollamos el Taller de la Vivienda. Con la ayuda de Vicen Sanz, Isa Martínez y mucha ilusión lo preparamos todo muy a conciencia. Dawda aportó su testimonio real, su historia. A sus veintiún años y como tantos otros chicos, como decían en Madrid, es un guerrero. Dijo que no quería ser escabroso. Vino aquí hace tres años y antes había vivido otros tres en El Aaiún.

Dejaría su casa siendo un niño. Comparado, con todo el respeto, con nuestros chicos, y yo también soy madre, no hay color. En el Encuentro decían que estamos poniendo rostro a una parte desconocida de la humanidad y ya todo lo vemos diferente. Cuando conoces a estos chicos y chicas aprendes a quererlos y te emocionas y alegras con lo bueno que van consiguiendo.

Yolanda, tu compañera, ha escrito una reflexión que quieres compartir con nosotros.

Sí, y yo me reafirmo en ella plenamente. Dice así:

«Para mí el acompañamiento es intentar formar parte de su red de apoyo, trasmitirles que son bienvenidos y que podemos enriquecernos recíprocamente de nuestra historia, costumbres, religión, culto, fiestas o gastronomía, poniendo en valor la interculturalidad. Es más lo que recibo de estas personas con tan enorme capacidad de superación que lo que doy: aprender y empezar de cero un proyecto vital rodeado de muchas dificultades burocráticas, estigmas, prejuicios e ignorancia. Comparto con ilusión sus sueños por encontrar trabajo, vivienda y el desarrollo de todo su potencial. Admiro su valor y su esfuerzo».

¿Qué te has traído del Encuentro?

Del Encuentro vine con un subidón. Yolanda y yo lo comentamos. Solo nos conocíamos de vista y formamos un equipo fenomenal. La presentación del taller la preparamos entre los tres con lo que vemos en el día a día de cómo está el panorama de la vivienda, lo que sufren los chicos y lo que nos cuentan. Cuando decimos que buscamos con ellos vivienda, en realidad queremos decir habitación con baño y cocina compartidos. Hay que decir que tienen un sentido de la solidaridad muy fuerte. De amigos que comparten un piso no todos trabajan y entre ellos se apañan para que ninguno se quede en la calle. Sin ser técnicas defendimos la exposición con mucha dignidad. Allí vimos a personas técnicas y voluntarias que explicaban cómo se gestionan las diferentes autonomías, sus grandes problemas. También tuvimos conexiones con países cuya gente lo pasa mal y contaban, un párroco, por ejemplo, lo que está pasando en ellos, por qué se emigra, por dónde huyen. Vinimos habiendo encontrado a tanta gente convencida de que o esto cambia, lo gestionamos de otra manera, o todos nos vamos a hacer puñetas. Todos. No solo ellos. Todos. Y a la vez, convencida de que esto se puede hacer. Sentimos que aun hay esperanza.

Y ahora a seguir trabajando con el mismo convencimiento y ganas reforzadas.

Desde luego. Acabamos de tener una reunión y una voluntaria decía que lo que le da más satisfacción es ser parte de este proyecto. Ver las cosas desde dentro te da una visión real de lo que está pasando en el mundo y las ganas de trabajar por el cambio.