¿Cómo enfrentarse al ‘grooming’?
Desde Proyecto Hombre Valencia nos hablan hoy de uno de los riesgos del uso de Internet por parte de los menores de edad.
Internet no es más que una herramienta y como tal, el resultado de su uso depende de la intención y objetivos con el que se utilice.
Su dimensión de datos y la velocidad para obtenerlos era inimaginable hace pocos años. Otro gran aspecto es el de las redes sociales, que ha multiplicado nuestros contactos y la disponibilidad de los mismos, pero también ha dado facilidades a quienes quieren hacer daño.
Varias formas de cómo realizar ese daño ya tienen nombre. Nos centramos en uno de ellos, especialmente doloroso por estar dirigido a menores de edad.
El grooming es el acoso ejercido por parte de una persona adulta hacia una menor de edad con el fin de ejecutar un abuso sexual. Este acoso puede materializarse con contacto físico o desarrollarse con un acoso de contenido sexual explicito e implícito.
Comienza con un acercamiento del adulto para ganarse la confianza y la amistad del menor, normalmente fingiendo ser otro menor. Así consigue información clave y que este le facilite imágenes suyas con contenido sexual.
Por último, está la fase de extorsión, chantajeando al menor de edad con ese material para obtener más o conseguir encuentros personales.
El daño psicológico hacia los niños, niñas y adolescentes es enorme. En su autoestima, su autoconcepto, su vivencia de las relaciones y la comprensión de la sexualidad…
No hay datos fiables de la incidencia de estas prácticas y se teme que lo que se conoce solo sea un porcentaje mínimo de lo que sucede y un grueso ingente de casos no sean denunciados por parte de las personas adultas responsables. Unas veces por las implicaciones que esa denuncia conlleva para el menor de edad y su familia y otras porque la situación no llega a ser conocida por los o las responsables.
El número de denuncias no se corresponde con el material encontrado en las detenciones que realiza la policía, tanto por las extorsiones que entonces se pueden documentar, como por la cantidad y variedad de material incautado. Además, el grooming no tiene fronteras, porque Internet no las tiene, lo que dificulta la acción de los investigadores pudiéndose multiplicar los casos.
¿Qué podemos hacer? Podemos enseñar a nuestros niños, niñas y jóvenes a hacer un uso correcto de Internet. Esto supone implicación y tutelaje por nuestra parte, para que en las relaciones en la red se mantengan unos niveles de respeto, incluso, superiores que en las relaciones presenciales.
La permanencia de la información en la red puede ser muy prolongada, además de copiada, manipulada y distribuida.
Las imágenes pueden ser tan conflictivas que hay personas expertas que recomiendan no entregar aparatos a los menores de edad con cámara, hasta que estemos seguros de su responsabilidad a la hora de usarla y, en todo caso, tener el objetivo tapado cuando no lo usemos.
Por si acaso nuestros hijos e hijas o nuestro alumnado son víctimas de grooming, dejémosles claro que al más mínimo problema deben solicitar nuestra ayuda. Para pedir ayuda hace falta confianza: generemos esa confianza con cercanía y apoyo.
Denunciar es la forma más eficaz de conseguir parar la extorsión actual y futura, la propia y la que podrían sufrir otros menores de edad. Pero hay que hacerlo de la forma adecuada.
Para facilitar la labor de la investigación, hay que guardar todas las pruebas que se tengan sobre el acoso contra el menor o la menor de edad. La forma más segura es mediante pantallazos, que guardaremos incluso en otro ordenador o dispositivo.
Y lo más pronto posible poner una denuncia ante la Policía, la Guardia Civil o el juzgado de guardia correspondiente. Ambos cuerpos de seguridad del Estado disponen de especialistas en delitos cibernéticos y trato con menores de edad.
No lo dudemos: formación y acompañamiento son claves para evitar el acoso. Y la denuncia para hacerle frente.



