Agentes de Cáritas04 Octubre 2019

Cristobal Castells: “Cáritas es una locomotora en marcha”

Sacerdote de Turís y delegado de Cáritas en el arciprestazgo 20.

Cristóbal Castells Tarazona, cura de Turís (junto con otro hermano sacerdote) y delegado de Cáritas en el arciprestazgo 20, considera que Cáritas es «como una locomotora» siempre en marcha. Cuando llegas a una nueva parroquia solo tienes que subirte y una vez en ella, según convenga, se puede variar la velocidad, las paradas, los servicios…, para darle nuevo impulso, nueva vida.
 
Cristóbal, ¿cómo ves Cáritas dentro de la Iglesia?
Cáritas es como la estructura ósea que debe estar, de alguna forma, presente en todos los demás grupos porque el cuerpo de todos ellos se sostiene en la caridad que es Cáritas y se debe trabajar para que sea así.    
 
¿Es hermoso considerar que «Cáritas es la caricia de la Iglesia a los pobres», como dice el papa Francisco?
A veces, sin querer, pecamos de burocracia pero, en las acogidas, conforme vamos pidiendo datos, se va mostrando nuestra preocupación, nuestra parte más humana. Cuando somos muy metódicos o muy estructurados, esa caricia se puede echar de menos.
 
¿Es difícil “acompañarse” dentro del grupo?
Cuando nos reunimos, que debe ser muy a menudo, vamos hablando, compartiendo, pretendiendo sonreírnos, discutir lo que no vemos de la misma forma, renovar, cambiar siempre algo para mejorar. El gota a gota de la relación personal hace mucho y eso repercute en una mejor atención a nuestros participantes.
 
¿Es positivo mantener relación con los otros equipos del arciprestazgo o de la vicaría?
Sí, sí, siempre se aprende, se comparte también y encontramos ideas que no se nos han ocurrido y que nos daría muy buen resultado aplicar.
 
¿Es importante que no nos basemos en las ayudas económicas?
Es lo que nos estamos proponiendo. Tenemos que ir avanzando. Acompañar y dar pautas, seguridad, mostrar formas de administrarse, de buscar salidas. Cuando es necesario, por supuesto que hay que ayudar económicamente.
 
Salimos de la crisis pero no disminuye el número de familias que tienen dificultades económicas y parece que la solidaridad se ha frenado, ¿lo habéis constatado en lo que vosotros vivís?
Hay muchas personas que colaboran de distintas formas, pero en estos pueblos que viven mucho de la agricultura, oyes a los labradores que la fruta no vale, que no sacan para cubrir gastos, que entran en la cooperativa y no saben el precio al que van a cobrar la cosecha. Tenemos ganaderos con una situación parecida y todos tienen jóvenes en casa con trabajos precarios o sin trabajar y, claro, a la gente le cuesta.   
 
Con ocho millones y medio de personas viviendo en la precariedad en España y que la política no se ocupa mucho en solucionar, ¿crees que es un problema que se debería abordar seriamente y sin dilación desde otros órganos sociales?
Es más fácil habilitar medidas a favor de las familias que no tienen lo mínimo para vivir con dignidad en los pueblos que en las ciudades que son como monstruos en  las que pasa todo más desapercibido. En un pueblo como Turís, en el que todos nos conocemos, se pueden adoptar medidas muy favorables: la cooperativa, el cuidado de las calles, la atención a personas enfermas o mayores y todo promovido de alguna manera por servicios sociales, con jornales mínimos e implicar a la gente. Hay muchas casas vacías que con ayuda del Ayuntamiento se podrían alquilar a precios asequibles. Es un proyecto ilusionante que se podría llevar a cabo.
 
¿Crees que con nuestra labor de Cáritas estamos aplicando el Evangelio actualizado?
Cáritas es imprescindible. Jesús estaría en Cáritas. Sería esa caricia de la que hablábamos. Pienso en la mujer adúltera, como Jesús la coge y la levanta. Él nos levantaría a todos de nuestras postraciones. Igual como el buen samaritano. Jesús aplicaría aceite y vino. Pelearía para corregir los errores que como organización tenemos. Llevaría también la bolsa de monedas, claro, como una buena madre de familia, administradora y atenta.