Fundaciones13/11/2024

Duelo y medicación

Calmar el dolor es muy recomendable, pero si no va acompañado de una cura para el mal que padecemos resulta muy peligroso.

La función del dolor es advertir de que algo funciona mal, una lesión, una infección, etc. El dolor se convierte en una alarma sin la cual el daño avanzaría y acabaría por destruirnos; por tanto, suprimir el dolor y anestesiarlo no resuelve el problema, el daño continúa, calmar el dolor es muy recomendable, pero si no va acompañado de una cura para el mal que padecemos resulta muy peligroso.

En el duelo ocurre exactamente lo mismo. Un calmante emocional por sí solo no cura el duelo, habrá que atender al origen de ese malestar. Apaciguando la ansiedad o superando el insomnio, no solucionaremos el problema, ya que en realidad son síntomas y no causas, encubriremos la raíz del problema y seguirá generando dolor y problemas.

Algunos síntomas del duelo señalan cuestiones que debemos atender de manera adecuada. Perdonar, elaborar o aceptar son algunas de las acciones adecuadas. La pérdida de la persona con la que teníamos estas necesidades puede dificultarlas y hacernos cambiar de estrategia, pero no las convierte en imposibles.

Suprimir el dolor sin realizar ese trabajo podía cronificarlo, puesto que su origen estaría sin resolver. Hay que abordar el malestar del duelo en sí mismo. La medicación puede paliar las sensaciones desagradables, pero en ningún caso va a resolver el duelo.

Los antidepresivos se han convertido en el tercer producto farmacéutico más vendido en el mundo. Los estudios demuestran su utilidad en depresiones severas, las que incapacitan para la vida diaria.

Pero su eficacia en casos leves está muy cuestionada, no hay mejoras sustanciales, los beneficios son generalmente imperceptibles y se corre el riesgo de sufrir diversos efectos secundarios. A pesar de esta evidencia, el 50 por ciento de los antidepresivos se recetan a personas que no cumplen los requisitos, que no los necesitan.  

Ofrecer antidepresivos de forma indiscriminada a personas en un proceso de duelo genera dos problemas:

  • el riesgo de padecer efectos secundarios adversos;
  • considerar patológica una situación emocional normal, que puede ser más o menos desagradable pero que resulta legítima, humana y adaptativa, y que es necesaria.

Es un grave problema sobremedicar situaciones de la vida cotidiana, porque, aunque puedan ser incómodas, son naturales.

La jubilación, una separación, una pérdida laboral, el fallecimiento de un ser querido…. Al medicalizar los cambios y las pérdidas naturales de la vida estamos privándonos de la responsabilidad de nuestro proceso de adaptación y nuestras emociones pasan a ser gestionadas por un médico a través de la prescripción de fármacos antidepresivos, fomentando en nosotros un papel pasivo ante las sacudidas propias de la vida.

En muchos casos, se corre el riesgo de transferir la responsabilidad de nuestra vida emocional al médico, consultándole por sistema y tomando medicación ante cualquier malestar, aflicción o estrés emocional.

Las personas en proceso de duelo que presentan niveles elevados de angustia, agitación o dificultades para dormir, de forma que interfieren de manera grave en el desarrollo de su vida, pueden beneficiarse de una medicación de antidepresivos o ansiolíticos, siempre prescritos durante un espacio de tiempo breve y buscado apoyo terapéutico.

Frente a la medicación hay dos criterios importantes que hay que tener en cuenta:

  • es un apoyo transitorio, lo más limitado en el tiempo que sea posible y con la total claridad de que hay que dejarlos;
  • es necesario un apoyo terapéutico, individual o en grupo y a ser posible especializado en la causa del malestar que se está viviendo.

Duelo y depresión no son lo mismo. La depresión severa es una enfermedad importante que afecta a las personas en su manera de pensar y sentir con intensos sentimientos de tristeza y pérdida de interés en actividades que anteriormente resultaban placenteras.

El duelo es un proceso natural e individual en el que puedes compartir algunos rasgos parecidos a los de la depresión como la tristeza, el abatimiento y el desinterés. En los primeros meses, después de la pérdida de un ser querido es importante diferenciar entre un duelo normal y un diagnóstico de depresión severa.