Agentes de Cáritas20/06/2022

Fani Raga: «Nos estamos volcando en todo, ilusionados por ofrecer una nueva oportunidad a las familias»

Hablamos con Fani Raga, coordinadora del Área de Animación Comunitaria, sobre la acogida a las familias ucranianas.

Fue en febrero cuando la guerra estalló en Ucrania por parte de las tropas rusas. Desde entonces, los países europeos se han volcado en ofrecer asilo a todas aquellas familias que han tenido que abandonar su país. En 15 localidades diferentes de la diócesis de Valencia están siendo atendidas por el personal de Cáritas 26 familias (un total de 62 personas adultas y 39 niños y jóvenes). 

Fani Raga, coordinadora del Área de Animación Comunitaria nos explica cómo está siendo el trabajo que realizan con las familias ucranianas que residen en los municipios de nuestra diócesis. «Nuestro trabajo, es un trabajo comunitario, donde la presencia del voluntariado es fundamental. Acompañamos a las familias y les brindamos apoyo en todas las necesidades primarias que tengan. En cuanto a las viviendas, les ofrecemos una y asumimos todos los gastos de los miembros. Si la familia encontrara trabajo, empezarían a colaborar tanto en los gastos de suministros como en los de manutención, pero mientras esto no ocurra, todo corre a cuenta de Cáritas».

Hace hincapié en la importancia del voluntariado: «El voluntariado de Cáritas está siendo vital. La comunicación con las familias es compleja, pero por suerte contamos con Yullia —una trabajadora de origen ucraniano— con la que podemos profundizar en los casos más afectados. El voluntariado de la vivienda está organizado por responsabilidades temáticas. Hay personas que se encargan de enseñar el aprendizaje de la lengua, otras de que conozcan el entorno y la cultura de España, otras responsables del ocio y tiempo libre… Hay personas voluntarias que los acompañan a la hora de realizar los trámites, cosa que es muy importante porque las familias necesitan tener al día todos los papeles. El trámite inicial es la solicitud de protección temporal con la policía, luego el permiso de residencia y de trabajo para que puedan trabajar legalmente, las gestiones en el centro de salud o en el colegio de los niños… Todos estos trámites los realizan siempre con el acompañamiento de las personas voluntarias y del personal de Cáritas», explica.

«Son personas que tienen una condición de vulnerabilidad porque vienen de una zona en guerra, pero no son personas que hayan vivido previamente una situación constante de pobreza y vulnerabilidad. Es algo transitorio, es gente que en muchas ocasiones está muy bien preparada, que lo único que necesita es adaptarse al entorno en el que están viviendo ahora». Comenta Fani: «Trabajamos para que esto sea posible, acompañándolos para que vayan conociendo poco a poco el entorno, las equivalencias de la moneda con respecto a la suya, el idioma, las costumbres… A la vez que intentamos que todo sea lo más parecido a sus vidas en Ucrania, por ejemplo, si hay niños o adolescentes se intenta que no pierdan su rutina, que tengan un pequeño núcleo de iguales con el que poder compartir el ocio».

Nos cuenta también que trabajan con una vinculación contractual basada en un contrato de cesión: «La parroquia cede la vivienda a la familia por un periodo de seis meses. Cuando este tiempo acaba, la vivienda es revisada junto con la familia y se ve cómo está la situación. Si sigue igual o no han encontrado medios de subsistencia o vivienda por su cuenta se continúa otros seis meses. No tenemos un tope, pero ellos saben que no es para siempre. Junto a ese documento de cesión, se firma otro en el que se establece el compromiso de la familia a mantener la casa, a buscar empleo, a no admitir en la vivienda a nadie sin el consentimiento previo…».

«Ese es el proceso de trabajo que hacemos con todas las viviendas en la diócesis. Hay que tener en cuenta que Cáritas está atendiendo también a familias que han encontrado vivienda por ellas mismas, en casas de familiares o amigos, compartiendo casa, etc., y que acuden a Cáritas porque no tienen recursos económicos, ya sea porque los tengan bloqueados, porque no trabajan o porque se lo han gastado todo. A lo largo de toda la diócesis, estamos apoyando a estas familias para que se puedan mantener mientras consigan el permiso de residencia y trabajo y puedan trabajar», explica la coordinadora.

Por último, nos cuenta cómo lo están viviendo desde dentro el personal y el voluntariado de Cáritas: «Se vive con un profundo respeto y casi como entrando de puntillas en un tema de tanta gravedad. El personal de Cáritas y las personas voluntarias nos estamos volcando en todo, ilusionadas por poder echar una mano, por ofrecer una nueva oportunidad a las familias. Tenemos muchas ganas de hacer cosas. Todo el mundo es consciente de que estas personas han vivido una situación muy difícil, que ha determinado y determinará su vida a partir de ahora y creo que el voluntariado entiende perfectamente que han de hacer un acompañamiento delicado, respetuoso y adecuado al ritmo de cada persona para ayudarles a ver mejor el futuro. El voluntariado es admirable. ¡Dan ganas de multiplicarles! Ves personas mayores con muchas ganas de ayudar y que lo dan todo, desmontando la creencia de que por ser mayores no pueden ayudar de la misma forma que las jóvenes. Hay que quitarse el sombrero ante ellas y dar gracias por su profundo sentido de lo que es ser voluntario y cristiano».