Análisis y reflexión17/03/2026

Gratitud

En el Día Internacional del Trabajo Social, nuestra compañera, Sonia, nos cuenta por qué decidió serlo.

Me llamo Sonia, tengo 28 años y diría que tomé la decisión de estudiar Trabajo Social hace más de diez años. En aquel momento estaba estudiando un grado de Informática y Redes Locales, pero pronto me di cuenta de que pasar toda mi jornada laboral delante de un ordenador no era lo que realmente quería para mi vida. Sentía que mi lugar estaba en otro sitio: acompañando, escuchando y cuidando a las personas que lo necesitaran.

Aunque, si soy sincera, creo que esta decisión empezó mucho antes. De pequeña tuve uno de esos aprendizajes que te marcan para siempre. Uno de mis mejores amigos de la infancia, Eloy, tenía síndrome de Down y me recordaba muchas veces que tener un cromosoma de más era un privilegio, aunque no todo el mundo supiera verlo.

Con su forma de ser me enseñó algo muy valioso: que todas las personas, si nos unimos y nos respetamos, podemos hacer de este mundo un lugar mucho más inclusivo. De alguna manera, sentí que mi misión también tenía que ver con ayudar a que más personas pudieran verlo así.

No fue un camino inmediato. Pasaron algunos años hasta que conseguí mi primer trabajo como trabajadora social. Todavía recuerdo los nervios de aquel primer día: fue en un centro de día para personas mayores.

Allí entendí algo que sigo teniendo muy presente: las personas que más pueden enseñarte en la vida, muchas veces, son nuestros mayores. Escuchar sus historias, sus experiencias y su forma de mirar la vida fue uno de los aprendizajes más bonitos de mis primeros pasos profesionales.

Actualmente trabajo en Cáritas como técnica del programa de empleo en territorio. Y, como suele decir Cristina, la responsable de mi programa, me siento privilegiada de poder formar parte de esta entidad. Cáritas es un lugar con unos valores muy firmes y, para mí, uno de los trabajos más gratificantes que podría tener.

Porque cuando tu trabajo consiste, muchas veces, en mirar a una persona a los ojos y decirle “aquí estamos”, lo que recibes de vuelta suele ser algo muy valioso: gratitud.