Voluntariado20 Septiembre 2019

Jorge Cucarella: “Te reconforta intentar resolver situaciones muy complicadas”

A Jorge Cucarella, abogado laboralista con bufete propio y padre de dos hijas es difícil hacerle preguntas sobre esa parte de su actividad profesional que dedica, de forma altruista, a solucionar problemas, defender derechos y asesorar legalmente a las personas, las más vulnerables de la sociedad, que acuden a Cáritas en busca de un apoyo para sus vidas.

Es difícil hacer preguntas para quienes tenemos un techo, comida que llevarnos a la boca o  decidir si un día queremos ir al cine o simplemente ir a tomar un café por ahí porque difícil es ponerse en la piel de las personas que se sienten abandonadas, desechadas de un mundo que avanza a un ritmo al que ellas no logran incorporarse.

Es difícil porque el valor de esas personas está, quizás, por encima del de muchos de nosotros ya que cada persona que acude aquí es un drama, una lucha por la supervivencia y cabe preguntarse, ¿quién soy yo para opinar sobre motivos o situaciones?   

Jorge, ¿y nos atrevemos a juzgarles?

Yo al final estoy en la misma situación. Tengo mi trabajo, mi casa, mi situación económica estable y cuando empiezas a trabajar en Acogida te reconforta poder trabajar e intentar resolver situaciones muy, muy complicadas.

¿Qué te motivó a ser voluntario en Cáritas Diocesana?

Mireia Estellés, que fue la persona que me introdujo en este voluntariado, me explicó qué hace Cáritas. Yo estuve trabajando en el turno de oficio y ya me había gustado por lo que supone de apoyo a personas que realmente tienen necesidades y no tienen recursos. Quería, al venir aquí, tratar con la realidad de esa parte de la población, ya sea migrante o no, que en Valencia necesitan muchísima ayuda. Nos encontramos con realidades muy delicadas, personas que no tienen recursos, ni capacidad para salir adelante, que se encuentran con trabas, por parte de la Administración muchas veces. Además de que no tienen mucha formación o que tienen miedo porque vienen de otro país, para poder asesorarse y enfrentarse a determinadas situaciones.

¿Cuánto tiempo dedicas a este servicio?

Vengo un día a la semana y después, en el despacho, con mi colaboradora, Adriana Ramón, preparamos la documentación de recursos o demandas de la fase administrativa o prejudicial ya con todo el tiempo que sea necesario.

¿De dónde sacas ese tiempo dedicado a la gente de Cáritas?

Nosotros, somos autónomos y nos organizamos como nos viene mejor. Los viernes por la mañana, que es cuando vengo a Cáritas, lo cojo de mi trabajo y lo que no puedo en el despacho, lo preparo por la noche en casa.

Háblanos de algún sector especialmente vulnerable.

El sector de empleadas de hogar, sin duda. Te encuentras con muchos casos en los que o no tienen contrato o se les paga verdaderas miserias o se abusa en el horario de forma exagerada, o donde de un día para otro se las echa a la calle y si no reclaman no les pagan lo que les corresponde. La mayoría de personas, en este caso mujeres, tienen miedo de perder la residencia o de que les afecte directamente en su situación en España. Muchas de ellas dejaron la familia en sus países de origen y tienen que enviar dinero para que puedan vivir mejor, con ese dolor de estar separadas de los suyos, sobre todo de los hijos e hijas. Las hay con determinadas situaciones físicas o con una edad avanzada que se encuentran con que en su día o las engañaron o cometieron determinados errores y que no tienen la capacidad de jubilarse o de obtener una pensión o prestación de la seguridad social. Pueden hasta tener una deuda con la seguridad social de una actividad que realizaron en su día y que mientras no la cancelen no pueden acceder ni siquiera a una prestación de jubilación no contributiva.

¿No se puede hacer nada por ellas?

Es muy difícil porque la Administración tiene una normativa muy dura en ese sentido. Para poder cobrar tienes que estar al día. Es la pescadilla que se muerde la cola. Si no generas ingresos no puedes ponerte al día pero la única forma de generar ingresos, por su situación física, por la edad o porque no encuentran trabajo, son las prestaciones. Te encuentras con personas que ni siquiera tienen una casa, que tienen una habitación alquilada y que les llega lo justo para pagarla y poco más. No es una forma de vivir como nosotros tenemos estructurada en nuestra cabeza.

Quienes contratan a estas personas para el servicio doméstico, ¿no saben de su vulnerabilidad?

O no la saben o no la tienen en cuenta. Muchas personas lo que quieren es pagar lo menos posible, que hasta cierto punto puede ser entendible, pero es que la normativa de empleadas de hogar no es muy estricta. Tienes unos requisitos básicos de cotización pero como no puede existir un control de la Administración sobre el trabajo que se realiza, porque se lleva a cabo dentro de un hogar, da lugar a mucho abuso. Con el componente de que la mayoría son personas migrantes y muchas veces, sin formación. Es una situación bastante general en la que se da una desprotección importante de los derechos laborales.

¿Esta situación no cede, ahora que parece que hemos recuperado un poco la estabilidad económica?

No porque estas personas o van a limpiar casas, a cuidar personas mayores, enfermos o con discapacidad y esto es un problema más educacional que económico. No por el hecho de tener más dinero vas a comportarte mejor.

¿Qué harías tú para solucionar este problema?

El Estado tiene mecanismos para fortalecer los derechos laborales y lo hace en otros ámbitos. Podría variar el régimen de empleadas de hogar, ser más flexible o solucionar determinadas situaciones de verdadero desamparo. Tanto el Estado como las Administraciones locales. Sí que tengo que decir que ha habido una cierta mejoría.

Pienso que el problema que tenemos es de educación. Hasta que no cambie el panorama educacional en el país y haya una educación buena, con un profesorado, con todo mi respeto, de vocación, muy bien cualificado, muy bien pagado y muy reforzado, porque les damos lo mejor que tiene un país, que son las niñas y niños, no cambiará la manera de actuar. No por tener más dinero eres mejor persona.

¿Y entre los hombres?

Los hombres, sobre todo en el sector agrícola o de la construcción, los encontramos como temporeros en trabajos muy poco cualificados. Algo de hostelería, también. Aquí se abusa, por ejemplo, con contratos por categorías que no corresponden, bajo sueldo, no dar las altas –sobre todo a las personas migrantes–. Se sigue contratando con situaciones irregulares en el país, ofreciendo un jornal al día que después no se paga y no se puede reclamar porque estas personas tienen miedo ya que no quieren ser expulsadas. Esto es muy frecuente.

Y son los que realizan las labores que muchos de aquí no quieren hacer

Les echamos la culpa de que nos quitan el trabajo y es muy poca la gente que quiere ir al campo, agachar la espalda todo el día, a recoger naranjas o cualquier otro cultivo. Son necesarias. Conozco gente con tierras que las únicas personas que pueden contratar son extranjeras. Y luego no las queremos aquí. No tiene ningún sentido. Son necesarias y son personas exactamente igual, e incluso mejores, que nosotros. Muchas de ellas escapan de situaciones que se han vivido en este país hace mucho tiempo y que se nos olvida de forma muy rápida. El desconocimiento abunda hoy en día e interesa que eso sea así.

Aquí, entre familia, añade algo por tu cuenta.

Pues que en Cáritas, además de la labor que se realiza, resalto, sobre todo, la gran paciencia que se desprende porque, a veces, es complicado que personas con otras culturas y otros idiomas logren entender cómo funciona aquí. Se hace un trabajo espectacular para que puedan verse afectados lo menos posible por la situación administrativa, política o por cómo somos aquí, que a veces se transforma en abusos que no deben de ser.