Agentes de Cáritas18/03/2021

Lidia Matamoros: «De los menores migrantes puedes aprender muchísimo a través de su perseverancia»

Trabajadora social y subdirectora del Hogar Mare de Déu dels Desemparats i del Innocents, sus palabras revelan una sincera vocación por lo que hace.

Entrevistamos a Lidia Matamoros, trabajadora social y subdirectora del Hogar Mare de Déu dels Desemparats i del Innocents, un hogar para menores de edad migrantes puesto en marcha por la diócesis de Valencia a través de Cáritas Valencia. Lidia se encarga de gestionar la organización del centro y está implicada con todos los trámites documentales de los chicos que allí residen, pero más allá de las tareas directivas, sus palabras revelan una sincera vocación por lo que hace. Es una persona que cree en su trabajo, un trabajo lleno de humanidad y completamente necesario en los tiempos que corren.

¿Qué condiciones crees que se deberían mejorar para dar mayores oportunidades a los menores que migran a España?

Yo, sobre todo, más que en el periodo en el que ellos son menores, mejoraría el después. Nuestro trabajo consiste en preparar lo que pasa después, cuando cumplen 18 años. Creo que en el ámbito de protección del menor están bien protegidos y que tenemos herramientas para generar oportunidades, pero lo que nos duele son las oportunidades que tienen una vez ya no les podemos atender desde el centro. Deberían mejorar los recursos para los mayores de edad, para que todos los recursos que empleamos cuando ellos son menores no se pierdan cuando ya no se les puedes ofrecer más por tener 18 años y un día. Por eso orientaría las mejoras hacia ese punto.

Estos últimos tiempos hemos visto una criminalización hacia los menores migrantes por parte de los medios y de ciertos sectores políticos, incluso ha habido varios ataques. El último sucedió hace unos días en Torredembarra, en el que hubo menores heridos. ¿Cuál crees que es la motivación de arremeter contra estas personas tan vulnerables en nuestra sociedad?

La mayoría de las personas siempre tenemos mucho miedo a lo diferente. Como no lo entendemos, o como no queremos ver más allá, le tenemos miedo. Yo creo que todo esto deriva del miedo a estos chicos, o a la emigración en general. Un miedo que no está fundamentado en nada. Evidentemente, todas las naciones tienen buenas y malas personas, eso ya lo sabemos, y hay personas que toman buenas y malas decisiones, pero eso no tiene nada que ver con el país del que vengas.

A las personas no les gusta detenerse a entender lo diferente. Y si no lo entiendes, te da miedo y no sabes cómo gestionarlo. Yo, la verdad, y más donde trabajo, soy totalmente contraria a todo este tipo de movimientos que están surgiendo ahora y que para mí es tirar balones fuera. Lo que no funciona bien, no funciona bien y no es por culpa de ellos.

 ¿Siempre ha sido así esta situación, o se ha acrecentado esta última época con el malestar político que se está viviendo en España?

Yo creo que siempre ha sucedido, pero ha habido momentos en los que a ese tipo de personas les ha dado más vergüenza verbalizar lo que estaban pensando. Ahora, gracias a la aparición de nuevos movimientos que se hacen más mediáticos y que sí que verbalizan en alto este tipo de mensajes de odio y rechazo, estas personas empiezan a resurgir. Pero siempre ha pasado, hay que entender que al final las fronteras son políticas y que nosotros lo que tenemos que hacer es velar por el bien de todas las personas, independientemente de donde vengan o de donde hayan nacido. Entonces creo que sí, que estas personas han estado desde siempre, solo que ahora tienen más excusa para salir. Es mi opinión.

 ¿Cómo crees que se podría combatir este injustificado miedo?

Cuando les explico este tema o hablo sobre racismo o xenofobia a otras personas, intento poner semillitas donde pueda. Siempre les digo lo mismo: al final es la ignorancia. Ignorar ciertos hechos o creer lo que nos han contado. Yo creo que nuestra misión es ser transparentes y que no lo somos del todo. Hay que ser transparentes con lo que un inmigrante hace o no hace aquí, con lo que se le da o no desde el Gobierno… Se van creando bulos que no ayudan.

La misión de las personas que sí tenemos conocimiento de migración y sabemos qué tipo de entresijos tiene, porque tiene muchos, es dar luz a los demás y decirles que no es como ellos creen. Los migrantes no consiguen ayudas de la nada cuando pisan este país, ni lo tienen fácil, ni se les da todo, ni se les abren puertas que no se le abran al resto. De hecho, se les cierran muchas más que al resto. Por eso creo que nuestra misión es el decir: «No, esto no es como tú crees, a partir de ahí pues si me crees o no…».  Hay unas ideologías muy marcadas que son muy difíciles de desarraigar, pero bueno, tenemos que intentarlo.

 ¿Cuáles son las mayores necesidades de las personas migrantes? ¿Y en concreto en un menor?

En general yo creo que la mayor dificultad es el rechazo. Al final, allá donde vayan puede haber prejuicios y eso es muy complicado. Te has separado de tu tierra, te has separado de tu entorno y además donde vas te desprecian…  Evidentemente, también existe mucha gente muy buena que ayuda en todos estos ámbitos y que también hay que darles un poco de voz a ellos.

En concreto en menores es eso, pero multiplicado por tres. Ellos siguen siendo niños, pero hacen solos un viaje de adultos y llegan aquí forzando el crecer de golpe. Se pierden una parte importante de sus vidas y echan mucho de menos a sus familias. Si un adulto, que podría ser yo, por ejemplo, abandonara a mi familia, me sentiría muy sola. Pues en un niño que debería estar con sus padres eso se multiplica. Sumándole el rechazo que he dicho antes, la falta de cariño y el volver a rehacer vínculos con gente a la que no conoces de nada se convierten en dificultades muy grandes.

 ¿Crees que hay suficiente conciencia social respecto a lo que supone ser un menor migrante?

No, creo que se ha estigmatizado mucho ese término. Lo que se conoce de lo que antes se mal llamaba “MENAS” es todo malo. No existen noticias de interés positivas sobre menores extranjeros. Por ejemplo, sobre que haya un porcentaje muy alto que consigue trabajar o que consigue tener una vida estabilizada aquí, que es lo que buscan. Entonces no, no creo que haya conciencia social. Además, el término “MENA” ha sido maltratado por todos lados y así ellos también. Lo poco que se conoce de ellos es mentira y además es negativo. No creo que se haya hecho una buena “publicidad”, se han dicho cosas que no son verdad.

¿Qué has aprendido de las personas que viven aquí?

Uf, mucho… He aprendido muchísimo, pero sobre todo a que hay que entenderlos muy bien. Hasta que no se convive con ellos no se puede llegar a entender que, como ellos dicen, al final aquí puedes creer que lo tienen todo: comida, casa, cama… pero lo que más les importa no lo tienen. No tienen aquí a su mi familia, no tienen a nadie… piensan que mañana cumplen 18 y no saben qué van a hacer.

Por eso yo pienso que ellos tienen mucha resistencia. Me han enseñado a que, pese a estar solos, van tirando. Ellos tomaron una decisión que la llevan hasta el final. O sea, tomaron la decisión, saben que en cualquier momento podrían volver, pero no. Esto lo hicieron con consciencia para mejorar su vida y la de sus familias y quieren llegar hasta el fondo. Te enseñan todos los días muchísimas cosas, pero, sobre todo, a través de su perseverancia.

Por último, ¿qué es lo que más satisfacción te provoca de trabajar en un centro de menores migrantes?

Una gran persona en mi vida siempre dice que cuando te dedicas a la educación nunca puedes pretender recoger inmediatamente los frutos. Igual siembras hoy y recoges dentro de diez años. Es el después, cuando los chicos que han pasado ya por aquí están fuera, han conseguido sus objetivos, han conseguido trabajar y vienen a visitarme de nuevo y me dicen: «Lidia, muchas gracias por lo que hiciste». Aunque igual te pasaste peleando con ellos tres meses… es verlos después. El ver que has podido aportar algo para su futuro, para lo que ellos querían que fuese su futuro… para mí es lo mas satisfactorio. Aquí realmente hay días buenos y días malos, pero cuando ves que has podido de verdad aportar a que ellos estén mejor, al final es lo que te llevas.