Menos alcohol, más salud
Las bebidas alcohólicas no son un regalo de los dioses sino un tóxico que nos daña, nos enferma y nos quita años de vida.
La ciencia nos está ayudando a comprender que las bebidas alcohólicas no son un regalo de los dioses sino un tóxico que nos daña, nos enferma y nos quita años de vida.
Durante miles de años las bebidas alcohólicas han tenido dioses en los panteones de algunas religiones. Así sucedió en Sumeria, en Egipto, en la antigua Grecia, a través de Dionisio y en el Imperio romano con Baco. Algunas religiones monoteístas también les otorgaron un trato especial. Este apoyo religioso nos ayuda a comprender la tolerancia y aceptación social que tiene este tóxico y la cantidad de mitos que se han creado en torno a las bebidas alcohólicas. En la actualidad, además, contamos con la presión de la industria del alcohol.
Cada vez hay más estudios científicos que aclaran mitos y descubren la repercusión del consumo de alcohol en aspectos concretos de la salud. Pero hay un estudio que marcó un antes y un después. Se publicó en la revista The Lancet en 2018 con el título «Consumo de alcohol y su carga en 195 países, de 1990 a 2016: un análisis sistemático para el estudio de la carga mundial de morbilidad». En sus conclusiones hay una frase muy clara: «Nuestros resultados muestran que el nivel más seguro de consumo de alcohol es ninguno». En el estudio participaron unos 500 profesionales. Se trabajó con más de 1200 documentos, una muestra inmensa, con la que se emplearon unos criterios novedosos y eficaces.
Hubo un gran esfuerzo para descartar todo sesgo o error. Un punto importante fueron los datos de las personas abstinentes al alcohol, puesto que en muchos estudios no se había tenido en cuenta que esas personas habían optado por la abstinencia forzadas por una enfermedad previa, una realidad que distorsionaba los datos finales atribuyendo muertes a la abstinencia cuando en realidad lo eran a enfermedades contraídas con anterioridad, algunas incluso por el consumo previo de alcohol. Por ello se revisaron los criterios de selección. De hecho, en un reciente estudio desarrollado por la Universidad Carlos III decidieron utilizar a las personas con consumos de alcohol muy esporádicos, es decir, solo algún consumo al año y siempre de forma reducida, como criterio de persona no bebedora.
El manejo equivocado de los datos de las personas abstinentes generaba la paradoja de que había mayor índice de mortalidad entre los no bebedores que entre los bebedores moderados, lo que llevó a la falsa creencia de que el consumo moderado beneficiaba la salud. Pero la Fundación Española del Aparato Digestivo ya advirtió en 2018 de que: «La pequeña reducción de daños relacionados con la salud que se podría esperar de un consumo moderado o pequeño, son superadas por el aumento del riesgo de sufrir enfermedades graves como el cáncer». Consumir de forma moderada tampoco es la conducta más sana. La OMS, clasificaba en 2019 el consumo de alcohol como el tercer factor de riesgo para la salud, tanto en muertes como en años de vida perdidos.
Según el estudio publicado en The Lancet en 2016, el consumo de alcohol fue el principal factor de riesgo a la salud entre la población de 15 a 49 años y en las poblaciones de más de 50 años, ese riesgo se transformó en muertes a través de numerosos cánceres atribuibles al consumo de alcohol.
El alcohol puede hacer daño por el consumo acumulativo, por las intoxicaciones y por la adicción. En sus efectos sobre la salud hay multitud de factores que requieren una consideración muy cuidadosa, pero siempre se llega a la misma conclusión. La mejor decisión es el consumo cero de alcohol. Si a pesar de todos estos argumentos científicos no se decide por la abstinencia, es importante que sigan algunas pautas.
Menos consumo de alcohol es más salud, la cantidad es muy importante. También lo es el momento. Si he de tomar decisiones, manejar algún tipo de maquinaria o responsabilizarme de alguna persona, lo más adecuado es un consumo cero de alcohol. Es muy importante ayudar a los menores de edad a que no asocian el alcohol a diversión, porque es un grave engaño que termina activando enfermedades y restando vida. También es importante por qué decido beber. No es recomendable beber alcohol estando enojados, deprimidos, ansiosos o cualquier otro estado de ánimo desagradable, porque con ese consumo se estará buscando escapar de esas sensaciones, se estará usando el alcohol como droga y será muy difícil controlar la cantidad. No se trata de escapar del malestar sino de gestionarlo. Asumir, manejar y superar la frustración, es muy importante en el proceso de madurez de las personas.



