Análisis y reflexión23/09/2026

No es prostitución. Es explotación. No es un trabajo. Es trata.

Las compañeras de Jere-Jere nos comparten su reflexión en el Día Internacional contra la explotación sexual y la trata de personas.

El 23 de septiembre no una fecha más. En este día nos paramos a recordar la existencia de una de las violaciones de derechos humanos más crueles y más invisibles de nuestro tiempo. Hablamos de una verdad incómoda que preferimos no mirar: la esclavitud del siglo XXI. Millones de personas en el mundo son víctimas de trata de seres humanos. Y cuando hablamos de trata con fines de explotación sexual, el dato estremece: más del 96% son mujeres, niñas y adolescentes, según Naciones Unidas. No son números. Son mujeres jóvenes que llegaron con la promesa de un trabajo digno. Son mujeres a las que enamoran, las engañan y luego encierran. Son madres que querían dar una vida mejor a sus hijos e hijas y acaban debiendo una deuda que nunca termina. Captadas abusando de su pobreza, de su situación irregular, de su soledad.

Detrás de cada anuncio en Internet, de cada club de carretera, de cada piso con la luz siempre encendida, hay una persona a la que le han robado la libertad, el nombre y el derecho más básico: el derecho a decir NO.

Nos puede parecer que es algo que pasa lejos, en otros países. No es verdad. La trata pasa aquí. En Valencia, en tu pueblo, en tu barrio. Pasa a plena luz del día y pasa en silencio por la noche. Y se sostiene porque hay quien mira hacia otro lado y porque hay quien paga.

Por eso, en este día, queremos romper ese silencio con tres mensajes:

  • A las víctimas: no estáis solas.

Os creemos. No sois responsables de vuestra situación. Tenéis derecho a salir, a ser protegidas, a recibir ayuda sin ser juzgadas y a empezar de nuevo. Vuestra vida vale más que todo el dinero que han hecho con vosotras.

  • A la sociedad: la indiferencia también es cómplice.

La trata no existiría si no hubiera demanda. Cada vez que se compra sexo, se financia una cadena de explotación. 

Si observas la situación de una mujer que parece asustada, que no tiene “sus papeles” intenta ofrecerle ayuda.

Y eduquemos a nuestros hijos e hijas en igualdad real, en respeto y en que el consentimiento no se compra.

  • A las instituciones: pongamos el foco donde toca.

Que la culpa y el peso de la ley caiga sobre quien explota, sobre las mafias y sobre quien paga, no sobre quien es explotada. Necesitamos más recursos, más pisos de acogida, más protección real y menos estigma.

Soñamos y luchamos por lo más básico: que ninguna mujer en este mundo tenga que vender su cuerpo para poder sobrevivir. Que ningún niño y ninguna niña sea robado de su infancia. Porque toda persona, sin excepción, tiene derecho a una vida digna sin ser comprada ni vendida.