Tabaco e injusticias
El tabaquismo no solo mata principalmente a la población pobre, sino que genera pobreza.
Análisis recientes sobre la población fumadora nos indican que el tabaco no solo mata, sino que además es fuente de injusticias sociales, generando pobreza en la población más vulnerable.
El tabaco causó 100 millones de muertes durante el siglo XX y si no se ponen en marcha medidas oportunas, causará un billón de muertes en el siglo XXI. Más del 80 por ciento de estas muertes se darán en colectivos de ingresos bajos y medios y entre la población con los niveles académicos más bajos. Pero el tabaquismo no solo mata principalmente a la población pobre, sino que genera pobreza.
Fumar provoca pobreza. Cuando la adicción a la nicotina está consolidada, la persona fumadora va abandonando otras áreas de salud en su vida, desde la atención a una alimentación correcta a un progresivo abandono de actividades que generan bienestar personal, como la realización de deportes y actividades al aire libre; la salud se deteriora desde varios aspectos y la vida social también corre el riesgo de empobrecerse. Llegados a cierto nivel de adicción, no faltará dinero para conseguir las dosis de tabaco diarias, aunque haya que prescindir de cosas necesarias.
El gasto medio en tabaco de una persona fumadora en un año, supera habitualmente el valor de una nómina mensual.
El coste en salud de las personas fumadoras es un 56 por ciento mayor que el de las personas no fumadoras. Este 56% se refiere a costes económicos no de calidad de vida, que son más intangibles, puesto que el deterioro y el sufrimiento son más difíciles de valorar.
Fumar sale caro a toda la sociedad. En el ámbito mundial consume el 6 por ciento de los gastos dedicados a salud en todo el planeta, lo que supone el 2 por ciento del producto interior bruto del mundo.
En España, los problemas sanitarios del tabaquismo, absorben hasta el 15 por ciento del presupuesto sanitario, un gasto totalmente evitable y que se podría dedicar a enfermedades no buscadas. Y a pesar de los elevados impuestos con que se grava el tabaco, las cuentas salen en negativo para el Estado, teniendo en cuenta los gastos sanitarios, las incapacidades, las pérdidas de productividad en las empresas y la limpieza de espacios.
En el caso de España y tras los cambios legales sobre el consumo de tabaco, hubo una ligera reducción en 2011, situando a los consumidores diarios en un 30,4 por ciento, que desde entonces ha ido aumentando y llegó a situarse en el 34 por ciento en 2017. La eficacia de los cambios legales sobre el tabaco ha dejado de existir. Las muertes por el consumo de tabaco representan un porcentaje sobre el total de las muertes registradas en España superior al 12 por ciento.
Según el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo, el consumo de tabaco ocasiona en España al menos 69 000 muertes prematuras y consume más de 1,7 millones de años de vida anualmente.
El consumo de tabaco y la dependencia que genera constituye la primera causa de enfermedad y muerte evitable en el mundo, que mata a una persona cada 4 segundos. En nuestro país mueren más de 7 personas cada hora. De todas esas muertes, el 10 por ciento son fumadoras pasivas, una forma de contagio de los males del tabaco. El tabaquismo tiene todas las características para ser considerado una pandemia, de hecho, en 2020 murieron más personas por tabaquismo que por COVID. Una realidad de la que no solo se habla poco, sino que se oculta.
A pesar de todo esto aún hay Gobiernos autonómicos y Ayuntamientos que apoyan acciones de las tabacaleras. Aplauden unos puestos de trabajo que mataran a un número muchísimo mayor de personas, algo así como justificar la fabricación de armas por que ponen la factoría en tu pueblo.
Las personas fumadoras de la actualidad tienen más riesgo de padecer enfermedades por su tabaquismo que las de hace 30 años, como consecuencia de los cambios que la industria del tabaco ha hecho en la composición y diseño de los cigarrillos, con dos objetivos: conseguir adictos más jóvenes, puesto que son más influenciables y sensibles a la nicotina y, en segundo lugar, aumentar la adicción causada por el tabaco de forma que sea más difícil superarla.
Según la Guía Americana del Tabaquismo, «es difícil encontrar otra condición que presente cifras tan altas de letalidad, prevalencia y negligencia a pesar de disponer de intervenciones efectivas y sencillas», porque el tabaquismo se puede superar.



