Análisis y reflexión20/01/2026

Trabajar para la inclusión

Un educador del Hogar Mare de Déu nos comparte su experiencia intentando "construir un mundo mejor".

Para iniciar esta lectura te voy a proponer un ejercicio, simple, tienes que cerrar los ojos y trasladarte a cuando ibas a cumplir 18 años. Imagínate en tu ambiente, con tu familia y con tus amistades. Imagínate cómo es el día de tu cumpleaños, las risas, las felicitaciones, los mensajes de WhatsApp y las publicaciones de fotos en redes sociales haciéndote sentir especial. Las fiestas sorpresas que pudiste recibir y aquellos mensajes de que ya te has hecho mayor, el típico “ya puedes conducir, votar e ir a la cárcel”.

Bueno, pues ahora imagina el día después. No cambió nada, ¿verdad? Todo continuó como si nada, seguiste en la casa familiar, al amparo de la misma protección que gozabas hasta el momento. Tu vida no fue mucho más diferente porque todas aquellas cosas necesarias para la vida adulta, hasta el momento, están cubiertas.

Pues en el Hogar de protección de menores de edad Mare de Déu dels Desemparats i dels Innocents no podemos decir que vivamos con esa “normalidad”. Los y las jóvenes que residen en nuestro hogar, son jóvenes migrantes sin referentes adultos en España. Y este dato es clave para entender la importancia de un trabajo permanente y constante que realizamos con ellos y ellas. 

La intervención se centra en que el eje central es la propia persona joven. Una intervención enfocada en hacer partícipe y protagonista de la intervención a la propia persona beneficiaria de dicha intervención, la persona joven que reside en el hogar.

Cuando las personas que viven en el Hogar cumplen la mayoría de edad, el sistema de protección desaparece. Me gusta entender que la medida de protección administrativa, la tutela, es como un paraguas invisible. Un paraguas que mientras la tutela está en vigor este paraguas está abierto para proteger a la persona joven, pero cuando se cumple la mayoría de edad, de golpe ese paraguas se cierra y dicha persona debe ser lo suficientemente autónoma como para enfrentarse a los problemas cotidianos de la vida adulta por ella misma. Para ello, cuando una persona comienza a vivir en el Hogar, lo primero es generar vínculo con ella y poder ayudarle en el aprendizaje del castellano para que pueda desenvolverse de una manera más autónoma. Posteriormente, participan de un itinerario formativo que les permite titular y aprender un oficio que les posibilite insertarse con ciertas garantías en el mercado laboral. Paralelamente, se regulariza su situación administrativa para que, una vez fuera del Hogar puedan conseguir un contrato de trabajo.

En el Hogar, que nuestros jóvenes ingresen en el mercado laboral es uno de nuestros principales objetivos y este trabajo se realiza de manera interdisciplinar para garantizar las oportunidades de éxito laboral. Esta cuestión permite a los jóvenes que, cuando finalicen su estancia en el Hogar puedan iniciar la etapa de emancipación con menos preocupaciones. No obstante, el problema de la crisis de vivienda y los altos precios de alquiler dificultan mucho la inserción social de estos jóvenes.

Conociendo este gran hándicap al que se enfrentan, el Hogar cuenta con estrategias internas para garantizar esta inserción laboral. Dichas estrategias se puede decir que son de éxito puesto que, en la actualidad, de las 28 personas jóvenes que residen en el hogar, 17 tienen edad mínima para acceder al mercado laboral y, de ellas, nueve jóvenes están contratadas a tiempo completo o, en algún caso, a tiempo parcial mientras continúan su formación académica. El porcentaje de inserción laboral en el hogar ahora mismo es algo más del 50%.

Desde el Hogar seguiremos caminando al lado de la juventud en riesgo de exclusión social haciéndoles partícipes de su camino para que se sumen a esta aventura que realizamos desde Cáritas de construir un mundo mejor.