Análisis y reflexión02/09/2026

Un año más, celebramos el ‘Tiempo de la Creación’

Desde el 1 de septiembre hasta el día de San Francisco de Asís, el 4 de octubre, la comunidad cristiana alrededor del mundo nos unimos por el cuidado de la Casa común.

«El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal» Encícilica Laudato si’ 30.

Desde el 1 de septiembre hasta el día de San Francisco de Asís, el 4 de octubre, la comunidad cristiana alrededor del mundo nos unimos más que nunca en oración y compromiso por el cuidado de la Casa común en el «Tiempo de la Creación«.

El lema de este año, Agua Viva, nos remite al texto de Ezequiel 47, 9 y 12 como una poderosa visión bíblica de esperanza y sanación ecológica. Así, en medio del exilio y la pérdida, la imagen de este Agua Viva que fluye del santuario de Dios revela la sanación divina que renueva la tierra, el agua, la biodiversidad y la responsabilidad humana hacia toda la creación.

Según la ONU, 1700 millones de personas carecen de servicios básicos de higiene en sus hogares y 2100 millones de personas aún no tienen acceso a agua potable, lo que equivale a 1 de cada 4 personas en el mundo. Además, con la intensificación del cambio climático y de la extracción de aguas subterráneas, varios países están llegando a lo que se conoce como un «punto de bancarrota hídrica», caracterizada por pérdidas irreversibles de capital hídrico natural.

A pesar de que el acceso a agua potable es un derecho humano, la crisis del agua afecta de manera desproporcional a las comunidades vulnerables, las generaciones futuras y la vida no humana. Esta se vuelve inasequible para las personas empobrecidas, que además son las más afectadas por las enfermedades transmitidas por el agua y por el vertido industrial de productos químicos y contaminantes en los ríos. Además, los fenómenos meteorológicos extremos como sequías, inundaciones, tormentas o desertificación tienen un profundo impacto en la seguridad alimentaria.

Por otro lado, todo esto tiene efectos devastadores sobre los ecosistemas y la biodiversidad. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza, nos enfrentamos a «una disminución catastrófica de la fauna acuática, con una caída vertiginosa del 85% en las poblaciones de agua dulce y del 56 % en las poblaciones marinas en los últimos 50 años».  

El Tiempo de la Creación de este año señala que todo esto es una manifestación de relaciones rotas: «entre la humanidad y Dios, dentro de la propia familia humana y entre los seres humanos y otros seres vivos». Además, la contaminación del agua tiene «implicaciones relacionadas con la justicia y la equidad».

Frente a esta situación, es nuestra obligación contribuir a un mundo más «justo y vivificante” tanto para la familia humana como para la creación no humana. Para ello, este año se nos propone dentro del Tiempo de la Creación trabajar en distintos ámbitos:

Seguridad alimentaria

La profecía de Ezequiel habla de árboles que «dan fruto fresco cada mes» (Ezequiel 47, 12). Por nuestra parte, se nos insta a incidir en la existencia de «políticas y prácticas para que todas las personas tengan acceso a alimentos nutritivos y seguros, de modo que los frutos de la biodiversidad se compartan de manera equitativa». En este sentido, desde la Iglesia se pueden promover proyectos ecológicos que reflejen estos valores cristianos en nuestras propias tierras.

Contaminación del agua

Estamos llamados tanto a evitar contaminar como a denunciar la contaminación nociva, así como instar a Gobiernos, autoridades locales, industria y agricultura, a actuar de forma responsable y proteger las fuentes de agua.

Agua y saneamiento

Numerosas personas alrededor del mundo carecen de un acceso regular al agua potable y al saneamiento. Frente a esto, debemos tomar acción para que «hogares, escuelas, centros de salud y lugares de culto tengan acceso a agua limpia y saneamiento adecuado».

Educación ambiental

Padres y madres, catequistas, clérigos y comunidades religiosas estamos debemos «fomentar un cuidado integral de la creación —tanto humana como no humana— basándonos no solo en conocimientos técnicos, sino también en las relaciones, la ética y la formación espiritual».

Inspiración espiritual desde la Creación

Desde el Tiempo de la Creación se nos invita a pasar de la dominación a la humildad, de la explotación al cuidado y de las ganancias a corto plazo al florecimiento a largo plazo, a través de la contemplación del mundo natural creado por Dios.  Esta transformación es «tanto espiritual como práctica, y requiere un replanteamiento de los valores, los sistemas económicos y las prioridades educativas».

Cultivo de árboles

Favorecer que este cultivo de árboles se convierta en una parte integral de nuestra vida espiritual.

Cuidar nuestros océanos

Nuestros océanos se enfrentan cada vez a amenazas mayores: «vertido de residuos, la sobrepesca, la contaminación y la minería en aguas profundas». Además, la vida y la biodiversidad existente bajo ellos suele ser tratado como algo que, al estar fuera de nuestra vista, no nos incumbe. Se debe propiciar que se fomente entre las comunidades el visibilizar y valorar esta biodiversidad del mundo marino. Además, se debe instar a líderes gubernamentales para proteger tanto biomas como medios marinos.

Restauración y protección del ecosistema y la biodiversidad

Se nos insta a restaurar la tierra en nuestras iglesias, hogares y comunidades. Podemos y debemos informarnos sobre las iniciativas presentes en nuestros entornos con este fin.