Análisis y reflexión24/02/2026

Una nueva Cuaresma para estar del lado de las personas empobrecidas

El compromiso de la Iglesia y de los cristianos en favor de los empobrecidos es una misión imprescindible, siempre necesaria.

«Parte tu pan con el hambriento,

hospeda a los pobres sin techo,

viste al que va desnudo

y no te cierres a tu propia carne» (Is 58, 7 y ss.)

El mismo Jesús, al tratar de ilustrar el protocolo final, dice:

«Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me acogisteis, estuve en la cárcel y me visitasteis (…). Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 23, 35 y ss.)

Sin embargo, no todos los tiempos son iguales, tampoco todos los días son iguales, si bien es verdad que a cada día le basta su afán.

La Iglesia entera se prepara para celebrar la Pascua mediante el tiempo cuaresmal, que este año comenzó el 18 de febrero y culminará con la Vigilia Pascual la noche del 4 al 5 de abril.

El cristianismo heredó del judaísmo los tres resortes que el mismo Jesús nos invitó a practicar y de hecho practicamos con mayor intensidad durante el tiempo cuaresmal: la oración, la limosna y el ayuno (cfr. Mt 6, 1-6. 16-18)

¿Qué relación tienen estos tres resortes con los pobres de hoy?

  • estamos llamados a orar por y con los pobres;
  • estamos llamados a practicar un ayuno que favorezca una sana promoción de los pobres;
  • estamos llamados a hacer limosna para no acaparar bienes que no son sólo nuestros, sino destinados a todas las personas y a todos los pueblos.

«Cuando reces, cuando hagas limosna, cuando ayunes…»

Los fariseos de ayer y de hoy lo hacen para que lo vea la gente.

Los humildes lo hacen desde lo más íntimo de su corazón, donde sólo Dios lo ve.

«Y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará».

No me parece ético que nos desentendamos del presente y del futuro de los demás, particularmente del futuro y del presente de las personas empobrecidas.

Y cuando escribo empobrecidas me refiero a las personas que hoy, en pleno siglo XXI, sufren las pobrezas de siempre o las nuevas pobrezas.

Las cifras de la pobreza en España durante el año 2025 son verdaderamente escandalosas.

Invertimos más dinero y más medios en gasto armamentístico que en promover el desarrollo personal, familiar, grupal, comunitario, social.

Es cierto que la vida está más cara y que ha subido el precio de los alimentos, de la vivienda, de algunos impuestos, de los libros, de las cosas más básicas y necesarias del día a día.

Por eso debemos continuar trabajando en favor de un desarrollo sostenible para todos, en particular para los más empobrecidos.

En este sentido, sigue siendo necesario que continuemos practicando el ayuno, la limosna y la oración, no solo durante la Cuaresma sino a lo largo de toda nuestra vida y en favor de quienes sufren la pesada carga de la pobreza.